EL DÍA DEL «ROTO»

Fue….  pues no podría decir el año exacto pero,
fue en tiempo de mi andadura con
 “Los Bredas”, así que seria por los años
setenta y tantos o quizás  rozando los ochenta.

Generalmente no queríamos
salir a tocar, (música me refiero), en días de feria pero, no se por que
circunstancia, aquel año tuvimos que ir a tocar, no se si fue una boda o una
fiesta a   Pegalajar. Recuerdo que por aquella época La Charca, al no haberse
construido casi ningún chalet a las afueras de Jaén y en dirección a Granada,  y
no sobreexplotar los acuíferos de los que esta se nutre, pues   estaba
esplendida , en cuanto a cantidad de agua se refiere, por que esplendida en
cuanto a belleza, siempre esta.. El baile o fiesta se tenía que desarrollar en
una especie de pista de baile que había justo al borde de La Charca. ……

Aquella tarde, y como siempre Alonso
“el del agua” apareció con su furgoneta de color aluminio,  que casi
siempre era para  recoger, tanto  los instrumentos, como a los músicos,
que, en este caso, éramos Manolín (el de Las Medias), Aroca (el hermano
de Aroca el que tocaba con Marchal), Pascualin, (el hijo de Pascual el
pintor) e Hilario (el hijo de Hilario el de los futbolines). También
quiero que quede constancia de que en aquella época también pasaron por
Los Bredas,  LoLo (El Sevillano), El Nono (el hijo de Matías el del
bar) y su hermano Mariano.
Pues Apareció Alonso, con su buen humor de siempre, y
dispuesto  a hacer las labores de chofer, y  como no, ayudando en todo lo que
podía ayudar.
Siempre que hablo de Alonso el del agua me vienen a la mente,
aquellos golpes que el, con su socarronería habitual, nos soltaba de vez en
cuando: Llevaos hoy
 vosotros la furgoneta y, si al frenar oís un ruidillo, así
como metálico, no le hagáis caso que solamente es, que tiene el chasis partido.
Y era cierto pues, cuando frenabas la furgona,  se escuchaba un ruido como de
chocar dos metales, o sea, como cuando frenan los trenes ychocan los vagones
entre si, y era que, verdaderamente el chasis lo tenia partido y pillado con
unas cuantas pletinas. A esto había que añadir aquello que también nos decía: El
cambio es automático, o sea, que si no lo sujetas con la mano , automáticamente
se sale la marcha, y, también era cierto , pues cuando metíamos cuarta  ,
llevaba una cuerda atada lapalanca de cambios, y el que iba a tras la sujetaba
para que no se saliese.
Y para que hablar de la dirección, pues había que
hacer un autentico conjunto de
cálculos matemáticos, para saber a que distancia
de la curva había que empezar a girar el volante, pues la holgura que tenia era
de casi tres cuartos de vuelta.

En fin pero… ir con Alonso era una autentica
gozada, sobre todo cuando a la vuelta de la “faena” nos recitaba aquellas
poesías que, aunque siempre las mismas, cada vez las recitaba de un modo
diferente: Tengo el caballo en la puerta, ¿te quieres venir conmigo? Yo no te
obligo. Te brindo solo ocasión de partir mitad a mitad un corazón……
Y
todo esto a 30 kilómetros por hora y haciéndonos exhibiciones de conducción
“ombligistica”, es decir, conduciendo el volante con su esplendida barriga,
conseguida, como bien decía el, con buenos platos de garbanzos.
Aunque
aquella vez, Alonso, no pudo venir con nosotros, y fue  como en otras ocasiones,
Manolín, el que hizo las veces de chofer.

Pues, llegamos a Pegalajar  y nos pusimos a descargar los
“chismes”, y en una de las veces que me subí al techo, quiso la mala fortuna de
que mi pantalón se enganchase en aquellos “cierres de seguridad” que tenia la
furgona, es decir, dos pedazo de bisagras de 15 centímetros, y me hice un pedazo
de cuarenta y nueve en el pantalón (digo cuarenta y nueve por que era un siete
al cuadrao), que me dejo, como se suele decir, con el culo al aire. Eso si, con
el "descogorce" y "descojone" de Aroca y compañía.
¡Dios!, cuando me vi
aquello, me dieron ganas de llorar por que, en aquella época, el traje de tocar
y de descargar eran los mismos, así que, después de ponerme una caja de cartón
atada con una cuerda, (para disimular), y después de ojear varias veces el
almanaque, me planteé, seriamente, el como tocar aquella noche, por que no era
cuestión de tocar toda la noche sentado, y el caso es… que aun me acordaba de
situaciones mas difíciles, como aquella en la que el amigo “Chicho” o Seba el de
la droguería, le dedicó en aquellos años el “Mao Mao, al sargento de la
guardia civil y al alcalde de Torreblascopedro, cuando todavía Franco andaba por
estos mundos, y no se , como no dormimos en la cárcel aquella noche.
El caso
es, que después de dar vueltas y más vueltas, parece ser que uno de los
camareros se “percató” del asunto, y muy solidariamente me ofreció el prestarme
unos pantalones suyos. Eso sí, hasta que acabase aquello., y que, por supuesto,
yo acepte agradecidísimo.
Esto me ayudo a salir de aquel trance y, terminar
la fiesta en paz.
Después, acabado aquello, y sobre las tres o las cuatro de
la madrugada cogimos camino de Mengibar y toda  vuelta parecía ir bien hasta
que, subiendo la cuesta  de “La Plancha”, la furgoneta hizo “plaf” , se le
partió un palier y se quedo parada.
Esto ocurría sobre las cinco o seis de la
mañana, y solo teníamos dos opciones, dejar allí la furgona, con todos los
chismes dentro y exponernos a que, al otro día, no encontráramos ninguno, cosa
que no íbamos a consentir, o, empujar y empujar hasta subir la cuesta.
Bien
pues optamos por lo segundo  y comenzamos a empujar.
Maaaaadre miiiiiiiaaa
que montón de kilos que pesaba lo furgona. Cada empujón que dábamos, aumentaba
su peso más y más.
Pues a eso del alba, es decir, ya con luz del día,
coronábamos La Plancha y pudimos dejar la furgona que, por su propio peso, y,
como a partir de ahí ya era cuesta abajo, pues nos llevara al taller de Juanito
el de “Las Medias”, para dejarla allí y que la reparase.
Esto, junto con el
Mao-Mao de Chica, es algo que nunca olvidare.
También dejar constancia de
nuestro buen amigo miguel “Culete” padre, que también, durante bastantes viajes,
fue chofer de Los Bredas. Y ¿como no?, dejar constancia de todos aquellos que, a
lo largo de la historia de Los Bredas, hicieron posible que esta se construyera:
Manolin y  Pedrin Chica, Miguel, Pajarillo, Pedro Martínez, “El Rubio 
panadero”, Seba Chica“Chicho, Rafael  Román,  no se si se me ha quedado alguien
sin nombrar, si es así ruego me disculpe pero, lo cierto es que fueron tiempos
irrepetibles, tiempos que, a todos, nos ha dado motivo e inspiración , para
contar “batallitas” a hijos y amigos.

                  Hilario Ciórraga


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