No quiero decir con esto que cualquier tiempo
pasado fuera mejor, tan solo…. Que ese fue el tiempo en que, quizás por tener
“algunos” años menos, la feria se vivía con mas intensidad. Y no es que me
refiera específicamente a la feria , sino al tiempo en que esta se desarrollaba.
Tiempos de recogida de garbanzos (que por cierto no se si se seguirán cogiendo
en esta época, puesto que, no se ve ni uno por el campo o al menos yo no los
veo; claro que , tampoco me tengo por un experto, pues, puedo fácilmente
confundir una mata de algodón con una de paloduz), de recogida por aquellos
“recogedores “ ocasionales que trataban de alargar las noches de feria con lo
conseguido tras algunas noches de recolección, aunque a veces a costa de
invertir parte sustancial de lo ganado en guantes y vendas para las maltrechas
manos de aquellos “expertos”, pues recuerdo un año en que mi hermano Vicente,
junto con alguno de sus amigos, se metió a “recolector” y tras varios intentos
en varias noches, algunos pares de guantes destrozados y alguna que otra
“vejiga” en las manos (ahora se le dicen ampollas), tuvieron que contratar a
otra cuadrilla para que se los recogieran, porque si no, aquellos garbanzos
morirían en sus matas…..
No puedo evitar el recordar aquella feria en la Plaza
del Ayuntamiento, como siempre se le ha dicho. Los coches locos en la puerta de
la iglesia, cacharricos en la plaza, los bares en la puerta del actual
Ayuntamiento, el fotógrafo del burrito, caseta en la terraza de Palacio, y
caseta juvenil en la antigua piscina, con sus dos pistas de baile, casi siempre
Aguilera y su grupo amenizando la pista de abajo, sin olvidar los magníficos
grupos que amenizaban la de arriba, eso si, con el sonido de fondo de la
película de turno de Manolo Escobar, que esa noche, proyectaba el Cine Capitol,
y luego… la feria, con sus casetas, avenida abajo para, tiempo después,
trasladar los cacharros a la calle Verde Mesón, frente al bar del Chato, donde
se instalaba el Carrusel, caballitos, coches locos y demás chismes.
También,
por aquellos tiempos , a los de “Las Cuevas”, nos prestaban algo de la Feria…
Las barcas y la tómbola de “Juanito el de las barcas”, en cuyos altavoces se le
hacía constante promoción a Luisa Linares y Los Galindos interpretando aquello
de…” Hay quien dice de Jaén que no es mi tierra andaluza”. O su cuñado Manolo
(el que luego estuvo tanto tiempo con sus barcas instaladas frente a la Géminis,
hasta que murió). Algún que otro circo, revista de “tias en cueros”, o , como
algo que quedó grabado en mis recuerdos, aquel Mister Wite, (o mejor Güite,
puesto que todavía no conocíamos la v doble), que nos lo anunciaban a bombo y
platillo como : ¡ Pasen a ver al increíble Mister Güite¡, ¡en las murallas
verticales de la muerte¡ .Y esto era una especie de recinto circular, de paredes
verticales, en las que este hombre montado en una moto se paseaba dando
vueltas, a toda velocidad, por estas.
Aún me sigue gustando tener la Feria
cerca. Entonces la Feria formaba parte del pueblo. Entraba en nuestra vida, nos
buscaba, sin embargo ahora…. hay que ir a buscarla.
Recuerdo un año en el
que el calor apretaba de lo lindo (pues no solo ahora tenemos esos cuarenta y
pico de grados, ya en Mengíbar hemos pasado por esos trances), pues como
entonces, los aparatos de irritar gargantas, o sea, los de aire acondicionado no
eran mas que una utopía, para unos, y algo impensable para otros; el calor había
que aligerarlo a base de polos de peseta, de diez reales, de duro (de papel), o
con agua fresquita de botijo, con ventanas abiertas en general o , los mas
pudientes, con ventiladores de aspa metálica.
Pues ese año, como muchos de
vosotros recordareis, mi padre, Hilario el de los futbolines, observaba que
aquel ventilador que tenia en el techo, (de los futbolines que
había donde ahora esta el Púb Marylin), y los que había en la pared quedaban
algo “raquíticos” de soplo, y se le ocurrió quitar de en medio los cristales de
unas ventanas fijas que había al fondo del salón, donde algunas veces se jugaba
a los “palillos”. Bien, pues como aquel cristal estaba pillado con masilla, o
sea enyesado a la pared, mi padre trataba de quitarlo dando pequeños golpes
alrededor de él y yo, mientras tanto, lo sujetaba por el otro lado de la pared.
Bien pues, en uno de aquellos golpes el cristal se partió por la mitad y fue a
caer, parte al suelo, y la otra mitad a mi mano, haciéndome un “bellísimo”
corte (en vena incluida), que hizo que ni mano, exagerando un poquitillo,
pareciese la Fuente Redonda pero en rojo, y eso que, “el rojo”, por aquellos
tiempos estaba mal visto.Salí corriendo para mi casa, dejando un reguero de
sangre por la calle, y cuando llegué le dije a mi madre que si aquello tenia la
misma solución que aquellas dos esplendidas rajas, de las cuales aún conservo en
mi cabeza un recuerdo, y que me hice una a base de buen ladrillo y otro con
práticas de fútbol y equivocaciones tontas, como, por ejemplo, el dar de cabeza
al filo de un barril de vino en lugar de dar a la pelota.
Cuando mi madre vio
aquello, por poco se va al suelo, y no se le ocurrió a la buena señora mas que
llevarme a Dº Jesús, el medico, para que taponara aquella “fuente”.
Subimos a
casa del medico y Dº. Jesús nada mas verme, me limpió aquello y me puso cuatro
pedazos de grapas de, exagerando otro poquillo, metro y medio de grosor, y de
las cuales aún conservo la marca.
Ni que decir tiene que aquello se hizo a
sangre fría y no veas el dolor que me hizo este hombre , por que, Dº. Jesús,
dicho sea de paso, delicado, lo que se dice delicado no era para estos
asuntillos.
Bien. pues como esto fue en tiempo de feria, me apañó una bonita
mano vendada, con la que tuve que asistir a todas las noches de juerga y
pindongueo a la antigua piscina y caseta municipal, en la Calle Real.
El caso
es que aquello de la mano vendada funcionaba de maravilla pues, todos y todas se
paraban a preguntarme qué me había pasado: yo les contaba mi “batallita” y a
ligar. Joe, pues que se me dio bastante bien aquella feria, y tanto que ya
empezaba yo a plantearme lo de seguir con la mano un tiempo mas extenso o, en la
feria siguiente vendármela, aunque fuera de “pega”.
Hilario Ciórraga González
Deja una respuesta